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Patrones de conducta – definición, tipos y personalidad

patrones de conducta

Patrones de conducta – definición, tipos y personalidad

Los patrones de conducta son una repetición o reglas de comportamiento que se internalizan en una persona. Básicamente, generalmente una persona ante un mismo estímulo, reacciona de la misma manera. Cuando esto se internaliza se forma un patrón de conducta.  

Pero  ¿esto no es la personalidad? o ¿Qué relación tienen los patrones de conducta con nuestra personalidad? ¿Existen diferentes tipos de patrones de conductas? Estas preguntas, así como los patrones de conducta, son cuestiones complejas que intentaremos explicar en este artículo. No te lo pierdas

¿Qué son los patrones de conducta?

Un patrón es algo que se repite, que tiene una regla, una lógica, una conformación definida.

Un patrón de comportamiento es una forma de actuar que se repite siempre en situaciones similares. Por ejemplo si siempre «te enojas» por “que no hacen las cosas como quieres”, es que has creado un patrón de comportamiento.

Entonces cada vez que le pides algo a alguien y no lo hace como tu quieres (Estímulo) reaccionas de la misma manera, enojándote (Respuesta). 

Aprender es crear patrones. Cuando nos enfrentamos a algo nuevo, decimos que es desconocido para nosotros. No tenemos normas para ello. A continuación, intentamos conectarlo con algo que ya conocemos, con un patrón existente. Entonces empezamos a tratar de entenderlo, empezamos a construir un patrón de repetición que nos permite reconocer ese algo cuando lo volvemos a ver.

patrones de conductaUn ejemplo de esto podría ser cuando observamos un objeto tecnológico nuevo. Es algo extraño que no puedes asociar a nada que ya hayas conocido. Puede que lo veas, lo observes y comiences a sacar conclusiones “emite sonido, tiene luces, tiene botones, etcétera” Sabes lo que es tener luces porque ya lo has aprendido lo que es tener luces. Como no puedes entender lo que es esto, le preguntas a alguien que hace este objeto y te responde que es un parlante portátil que se conecta por bluetooth. Cuando miras la mesa ves que algunos tienen otro color u otra forma pero ya sabes que son todos parlantes portatiles. La proxima vez que te encuentres frente a un dispositivo de estos seguramente no vas a perder tiempo preguntando que es porque vas a asociarlo a un parlante.  

Nuestra inteligencia crea un patrón considerando los elementos principales y los generaliza para agilizar las siguientes comparaciones.

Nuestra inteligencia hace todo esto y mucho más. Nuestra educación se encarga de llevarnos a crear patrones. A continuación, generalizamos y respondemos a las nuevas circunstancias según los patrones que ya existen.

Ejemplo de patrones de conducta

Si creamos un patrón bajo un fuerte estrés emocional, tiende a fijarse más fácilmente. Esto también ocurre cuando una situación se repite con frecuencia. Cuanto más amenazante es la situación que determinó la creación del patrón, más ágil es su activación, una medida evidente de protección. Para que esta agilidad sea posible, tendremos que utilizar algunos elementos de la situación como «disparadores» del comportamiento.

patrones de conducta familiaresImaginemos que un niño tiene un padre extremadamente agresivo. Siempre tiene un aspecto determinado cuando está muy enfadado. El niño aprende que esta mirada es una señal de peligro y, por tanto, se convierte en el desencadenante de un comportamiento de autoprotección: por ejemplo, se encoge, mira hacia abajo e intenta estar lo más callado posible. De adulta, se encuentra con un jefe que también tiene un comportamiento algo similar al de su padre. Cuando el jefe se vea así detonará la conducta de autoprotección en nuestro personaje que, como adulto, podría incluso defenderse con seguridad, pero no lo hará porque su reacción (de autoprotección) ya estará automatizada. Este es un ejemplo simplificado de lo que se llama Indefensión aprendida

¿Pero todos los patrones de conducta deben ser negativos?

¿Qué tipos de patrones de conducta existen?

Existen estudios específicos que identificaron al menos tres patrones de conducta, los cuales vamos a desarrollar. Cabe aclarar que existen muchas teorías al respecto, aquí vamos a tomar solo una de ellas.

Patrones de comportamiento tipo A:

En este tipo de patrón de comportamiento, las personas son ambiciosas y competitivas. Buscan el reconocimiento y la autoafirmación, y suelen realizar varias actividades simultáneamente en una lucha por alcanzar sus objetivos. Las personas de este perfil quieren alcanzar los objetivos en el menor tiempo posible, por lo que siempre están apuradas, impacientes y ocupadas, con tendencia al perfeccionismo. Por ello, son más vulnerables o están más predispuestos a sufrir accidentes, a desarrollar enfermedades cardiovasculares (enfermedades cerebrovasculares e isquemia del corazón). Son perseverantes, no aceptan fácilmente el fracaso, tienden a la hostilidad y agresividad en sus relaciones interpersonales, estando muy centrados en sí mismos en su éxito.

Patrones de comportamiento tipo B:

Patrón opuesto al del tipo A. No son propensos a la ansiedad, presentando un perfil de personalidad menos irritado, siendo por tanto más pacientes, comprensivos y equilibrados. También tienen sueños y proyectos, pero muestran una mayor resistencia cuando no consiguen los resultados esperados, lo que no significa un conformismo absoluto. Por lo general, las personas de este perfil han desarrollado un nivel de autoconocimiento que les permite actuar con más seguridad y asertividad a la hora de enfrentarse a las situaciones de la vida. Por ello, son personas que tienen buenas relaciones interpersonales. Pueden alcanzar sus objetivos «paso a paso», sin precipitarse en las tareas, comenzando una actividad a la vez. Obviamente, son menos propensos a los problemas cardíacos.

Patrones de comportamiento tipo C:

En este perfil de personalidad, las personas se contienen emocional y afectivamente a favor de los demás, mostrando un gran sentido de cooperación con su entorno, aunque se anulen mutuamente. Por esta razón, las personalidades del tipo C muestran una supresión de la «negatividad», así como una inhibición de la expresión de emociones con connotación negativa, como la agresividad. En otras palabras, son pasivos, acomodaticios, desanimados y centrados en los demás. Se creen incapaces de alcanzar sus objetivos. Los sentimientos de desesperanza y depresión producen cambios hormonales que conducen a la inmunodeficiencia y a la posible evolución a neoplasias (cáncer). La característica principal es el control de las expresiones negativas en las situaciones de conflicto y en la gestión de sus relaciones interpersonales, reprimiendo sus emociones y «tragando ranas» por el bien de los demás; nunca saben decir no.

¿Cómo hacemos para modificar un patrón conductual?

Para modificar un patrón instalado tenemos que darnos cuenta de que es un patrón automático. Tenemos que utilizar la conciencia para comprender que no estamos evaluando la situación como algo nuevo frente a nosotros. Simplemente reaccionamos como si fuera el mismo que experimentamos en el pasado.

El cambio, por tanto, requiere «discriminación» y toma de conciencia. Si queremos cambiar nuestro comportamiento en una situación necesitamos percibirla como nueva, sin referentes, sin patrones existentes. Decimos que los niños son libres y los adultos no. Los niños se sienten más libres porque no tienen tantas normas que determinen su comportamiento. Por otro lado, los niños se arriesgan más que los adultos, se equivocan con más frecuencia, hasta que automatizan sus decisiones, aprenden y se convierten en adultos.

Si la idea de la libertad total te atrae, prepárate para trabajar mucho. Cada situación será nueva, y tendrás que decidir cada gesto, cada acción.

Pero hay que aclarar que es más interesante, y económico, ser «esclavo» de los patrones que funcionan bien y cambiar lo que no funciona.

Si quieres cambiar un comportamiento, no intentes colocarte como un niño imaginando que te enfrentas a una nueva situación. Tu sistema de autoprotección no lo permitirá. Es mucho más fácil, y más natural, prestar atención, tomar conciencia. Observa las señales que ponen en marcha tu antiguo comportamiento. Percibe cómo estas señales estuvieron presentes en tu historia y cómo, en función de ellas, normalizarse este comportamiento. 

Compara los hechos ocurridos en el pasado, en tu historia, con el presente, que estás viviendo ahora. El cambio vendrá automáticamente cuando entiendas que la situación actual no es una pura y simple repetición del pasado.

Si te das cuenta de que te intimida la mirada agresiva del jefe. Recuerda la mirada similar de tu padre, y date cuenta de que son situaciones diferentes y que incluso tú ya eres diferente y puedes proponerte actuar diferente.

Si esto no es suficiente, existen tratamiento psicológicos que te pueden ayudar, la terapia cognitiva conductual, el psicodrama y técnicas de Role Play pueden ser terapias muy efectivas en contra de los patrones de conducta. 

Además, el mindfulness es una excelente herramienta para comenzar a tomar conciencia de las situaciones que vamos viviendo día a día. 

Patrones de conducta y personalidad

Esto nos lleva a pensar en cómo nos resistimos a cambiar ciertos comportamientos en defensa de nuestra personalidad.

Sin embargo, una puede ser tanto la causa como la consecuencia de la otra. Es decir, nuestra personalidad puede dictar la mayoría de los comportamientos que tenemos. Además, son estos comportamientos, muchas veces, los que imprimen en nosotros características que forman nuestra personalidad.

Por lo tanto, ambos pueden cambiarse -o moldearse- para que podamos adaptarnos al entorno a medida que éste también cambia.

De este modo, el cambio de personalidad es algo natural para el ser humano. Sucede con el tiempo, a medida que maduramos y tenemos nuevas experiencias.

Por lo tanto, cambiar ciertos patrones de comportamiento que influyen negativamente en la convivencia con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo y las parejas sentimentales puede mejorar nuestra dinámica social y nuestra calidad de vida.