Mirá cómo nos ponemos

El abuso está presente en todos los ámbitos
Entendamos algo: esta noticia de actualidad no sólo se ve reflejada en el ámbito del espectáculo. Lo vemos en lo cotidiano, en el trabajo, en una relación de pareja y hasta en relaciones familiares cercanas. No es una cuestión de edad, profesión, personalidad; y por supuesto que nada tiene que ver con el modo de vestir de alguien. En la práctica clínica nos encontramos con casos de niñas, jóvenes y adultas que han sufrido abusos sexuales, psicológicos y emocionales. Estos cuadros se presentan en una situación de vulnerabilidad ineludible. Por lo general, vienen de transitar situaciones de revictimización constante por parte de su entorno o de profesionales que, no familiarizados con la problemática, no cuentan con las herramientas de escucha para estos casos. Estas mujeres refieren que sus voces y testimonios son puestos en duda de forma sistemática. También, que en muchos casos son ignoradas y aisladas ante estas vivencias traumáticas. Esto no es ni más ni menos que el resultado de la sociedad en la que vivimos. Esa sociedad en donde se naturalizan situaciones de injusticia, inequidad y dominación ante el género femenino y poblaciones vulnerables. En donde cuando hay abusos, muchas veces se juzga a la víctima por su forma de vestir o desenvolverse, y se hacen preguntas al estilo de “qué hacía sola en ese momento”.Hacia un nuevo paradigma...
A las víctimas de delitos ante la integridad física y emocional, les cuesta años ponerlo en palabras. Y aún más, animarse a radicar las denuncias jurídicas correspondientes. Como resultado, son muchas más las mujeres que continúan en la penuria del silencio. Quienes toman la determinación de contar, se someten a numerosos temores. Temor a no ser creídas, escasez de recursos materiales y emocionales, falta de autoestima, sometimiento económico, las amenazas que reciben. Los obstáculos son muchos y, de no ser superados en el momento adecuado, hacen que la víctima retroceda en su proceso de denuncia. En contrapartida, el abusador habla, sigue con su vida cotidiana, trabaja con total impunidad. Incluso, en muchas ocasiones pretende hacer a la víctima responsable de su propio abuso. La sociedad actual vive un nuevo paradigma que no tiene vuelta atrás. Como profesionales de la salud mental, no podemos estar ajenos a estos vaivenes donde la opresión de las víctimas relativiza el derecho a “decir” y “decirse” de las consecuencias de lo traumático. El precio del silencio es revivirlo constantemente. Cuando algo no es dicho, se vive en la superficie de la vida. Aparece la desconfianza en los vínculos, recuerdos atormentadores, pesadillas recurrentes, pensamientos destructivos. Todo esto imposibilita tomar curso y vía de tramitación psíquica. Que hoy esté en la agenda de los medios este caso, independientemente de lo que se compruebe a nivel jurídico, permite la visibilización de la problemática. Las víctimas de delitos sexuales son personas muy vulnerables psicológicamente. Pasan por procesos constantes de temor, ansiedad, ideas o intentos suicidas, desconfianza ante su entorno y las relaciones interpersonales. Poder contar su historia, recibir empatía y contención; es un primer paso para el proceso de sanar emocionalmente tales hechos devastadores. Mujeres, niñas, jóvenes… Tu testimonio es prueba suficiente. #mirácómonosponemos Redactado porDar el primer paso es lo más difícil
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