Balances de año y turbulencia emocional

La llegada de fin de año suele impactar emocionalmente en las personas. Con el cierre de los ciclos se ponen en juego una serie de vivencias vinculadas a las expectativas e ideales, que pueden desencadenar estados de ansiedad por el incumplimiento de metas planteadas al comenzar el año. Entrevistamos a la licenciada en Psicología, Agustina Lanusse, acerca de lo que sucede con los balances de año y su relación con los procesos emocionales.

¿Qué representan a nivel psíquico los balances de año?

mujer balanceando piedras

Según la licenciada Lanusse, la llegada de fin de año tiene un tono emocional muy fuerte, precisamente, de final. “Todos los finales tienen algo de despedida, de mirar hacia atrás y revisar todo lo vivido. Y no sólo a nivel del pensamiento, recordar es ‘volver a pasar por el corazón’. Entonces es posible que se muevan las emociones fuertes de esa etapa, las agradables y las que no lo son tanto”, explica.

La finalización del ciclo de 12 meses también conlleva un proceso de cierre interno que trasciende el calendario y reactiva la conclusión de procesos y vivencias de orden más simbólico y profundo. Como explica la licenciada, “si en este año que pasó hubo un cambio grande en nuestra vida a nivel familiar, como el nacimiento de un hijo o la muerte de un ser querido, es posible que en este momento se vuelva a experimentar el ‘cierre’ del proceso que llevó a este momento. A nivel psicológico, nos ponemos un poco en modo regresivo, como si volviéramos al pasado por momentos”.

Las personas intentamos darle sentido a lo vivido al ponerlo en una línea del tiempo y ubicarlo en relación con los años anteriores, para también plantearnos nuevas metas y objetivos a futuro. “Esto es importante para experimentar la continuidad de la vida, que sucede en ciclos sucesivos, nunca totalmente cerrados ni independientes unos de otros, sino que cada etapa va plantando la semilla de la que sigue después. Por eso hacer un balance del año, aunque puede resultar incómodo o movilizador, es un momento muy rico y lleno de creatividad, de posibilidades y potencia para lo próximo”.

– ¿Qué sucede con las expectativas a cumplir en un año? ¿Qué pasa cuando esas expectativas no son satisfechas?

Como explica la licenciada, las expectativas tienen un componente racional, de toma de decisiones con respecto al uso del tiempo y los recursos disponibles. También hay una dimensión más sutil que tiene que ver con las emociones que se ponen en juego en esos objetivos. Entonces, si bien a veces somos capaces de entender que no es posible cumplir todo lo que nos proponemos, puede resultar difícil lidiar con la desilusión, la tristeza o el enojo que provocan nuestros planes frustrados.

Por otro lado, puede ser que tengamos expectativas inconscientes, como cuando decidimos trabajar en pos de mejorar alguna parte de nuestra vida, porque racionalmente entendemos que es importante, pero sin darnos cuenta que también hay un deseo de reconocimiento en esos objetivos. Sucede que en esa búsqueda de reconocimiento –ya sea externa o interna- se encuentra implícita una búsqueda de amor. La insatisfacción de esas expectativas, si no se logra entender que hay de trasfondo una búsqueda de reconocimiento, puede desencadenar una reacción que a veces se siente como exagerada. Lo que sucede es que el objetivo propuesto de manera consciente también conllevaba otros deseos más profundos no manifestados.

¿El problema radica en hacer más de lo que podemos?

Según la licenciada, si tenemos una imagen de nosotros mismos de que deberíamos “poder con todo”, es posible que nos pongamos metas muy altas. Por eso, puede suceder que si no las alcanzamos sintamos que se cae esa idea que teníamos de nosotros mismos. Esto puede tener un efecto muy doloroso, sobre todo si no somos conscientes de que estaba operando un ideal demasiado alto.

En otros casos, es posible que nuestra imagen de nosotros mismos sea un poco distorsionada y nos digamos “no puedo”. Allí, puede haber una falta de impulso para alcanzar objetivos de los que sí seríamos capaces. Como explica la licenciada, “lo importante es tener en cuenta que nadie puede todo ni tampoco hay nadie que no pueda nada. Ni totalmente auto-exigente ni totalmente despojado de ideales a alcanzar. Al trabajar esas ideas de nosotros mismos, podemos vernos más como un proyecto ‘en construcción’, como alguien que siempre es un poco inconcluso pero, a la vez, siempre tiene potencial –y deseo- de alcanzar algo nuevo. Es importante tener en cuenta que nunca es ‘ni todo, ni nada’. Esa es la idea que más ayuda a desenmascarar las mentiras que a veces creemos de nosotros mismos”.

Frustración, pandemia y aislamiento social

¿Qué sucede con la situación de aislamiento social y el malestar generalizado en la población? Según la licenciada Lanusse, si bien se han realizado diversos estudios a nivel internacional sobre los efectos que ha tenido la pandemia en la salud mental de las personas, todavía no se puede definir un panorama completo de lo que provocó.

“Si yo tuviera que arriesgar una aproximación, creo que la principal frustración que hemos vivido es la caída de una ilusión de ‘saber’ acerca del mundo y cómo van a ser las cosas. La incertidumbre parece haberse entretejido hasta en la fibra más sutil, la de cómo contactar con otros. Y eso nos obligó a dejar de dar por sentadas muchas cosas. Creo que esta confrontación con la fragilidad de nuestro saber, aunque incómoda, nos puede ayudar a despertar algo interno que es clave para la vida que se viene. Una especie de registro dinámico de une misme, en el presente. En este momento, eso es lo único de lo que podemos saber algo. Y eso puede ser muy liberador”, sostiene.

 ¿Cuáles son las acciones más aconsejables a implementar si el cierre de año nos encuentra con ansiedad y malestar?

Algunos expertos hablan de la importancia de “orientarse hacia la vida”. Esto tiene que ver con la posibilidad de que, ante la pérdida, la frustración e incluso el trauma ocurrido en el pasado, no perdamos de vista la parte de nosotros mismos que ya está conectada con lo que viene, con lo nuevo, explica Lanusse.

En el cierre de año se termina un ciclo y se abre el siguiente. Aceptar que este año no fue lo que imaginábamos, tiene una doble cara, por un lado es triste ver las cosas que deseábamos y que no fueron posibles. Por el otro, es conectar con que cada nuevo ciclo tiene algo de desconocido y misterioso, que no depende de cuántos planes hagamos, va a ser una aventura. Dejarnos estar con esa doble sensación, aunque parezca contradictoria, ya puede ser un alivio. Es un momento de aceptarnos en nuestras paradojas: sentimos frustración por lo que no fue, tristeza por lo que se termina, sí. Y también sentimos la esperanza de lo que viene, aunque todavía no sabemos qué es.

No obstante, esta aceptación puede ser difícil de ejercitar, sobre todo si estamos solos. El final del 2020 nos tiene a todos en un estado sensible, por eso es importante no pensar que somos los únicos que estamos mal. Pedir compañía y apoyo es otra forma de aceptar esa fragilidad que todos tenemos y confiar en que se puede estar mejor. Eso puede traer mucho alivio.

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