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¿Conocías estos 5 experimentos de la Psicología Social?

Experimento en la prisión de Stanford - Guardia y prisionero

¿Conocías estos 5 experimentos de la Psicología Social?

En el artículo anterior te explicamos los conceptos básicos y el objeto de estudio de la Psicología Social. Ahora, ahondamos un poco más, y te comentamos algunos de los experimentos más interesantes. ¡Seguí leyendo!

1.     Teoría del Aprendizaje Social – Experimento del “Muñeco Bobo”

Estudio llevado a cabo por Albert Bandura.

Realizado entre el 1961-1963

En la década del 60’ tuvo lugar un gran debate, en el cual se pretendía descifrar el modo en que los factores genéticos, ambientales y de aprendizaje social; daban forma al desarrollo de los niños.

Para obtener evidencia, el psicólogo Albert Bandura condujo el Experimento del “muñeco Bobo”. Su objetivo era probar que el comportamiento humano se basa mucho más en la imitación social, que en los factores genéticos heredados.

El psicólogo reunió a varios niños, y los separó en tres grupos:

  1. Al primer grupo se le mostraba un video en donde un adulto demostraba un comportamiento agresivo hacia el “Muñeco Bobo”.
  2. Al segundo grupo se le mostraba un video donde el adulto jugaba de manera pasiva con el muñeco.
  3. El tercer grupo servía simplemente como grupo de control, por lo que no veían ningún video.

Los niños de cada grupo vieron el video asignado y fueron enviados a una habitación donde estaba el muñeco (con excepción del grupo de control).

Los investigadores encontraron que los niños que estuvieron expuestos al modelo “agresivo” de adultos, tenían más probabilidades de exhibir comportamientos agresivos hacia el muñeco. Los demás grupos manifestaron casi nulos comportamientos agresivos.

El estudio también confirmó una segunda hipótesis de Bandura: los niños son más influidos por modelos del mismo sexo.

Si te interesa aprender más sobre este experimento, mirá este video: 

 

2.   Experimento en la prisión de Stanford

Experimentos en psicología social - Stanford. Guardia y prisioneroEste estudio se llevó a cabo en el año 1971, en la Universidad de Stanford. Su autor, el profesor Philip Zimbardo, se propuso estudiar cómo las personas asumían roles en una situación artificial.

En particular, el experimento en la Prisión de Stanford se diseñó con el objetivo de estudiar el comportamiento de individuos “normales”, cuando se les asignaba el papel de prisionero o guardia. Para participar, fueron reclutados estudiantes universitarios a los que se les asignaron al azar los roles antes mencionados.

El sótano del edificio de Psicología de la Universidad de Stanford había sido ambientado como una prisión.

A los guardias de la prisión se les ordenó dirigirla durante dos semanas. La única regla que debían respetar era no dañar físicamente a ninguno de los internos durante el estudio.

Después de unos días, los guardias de la prisión se volvieron muy abusivos verbalmente con los reclusos; quienes cada vez se sometieron más y eran más sumisos hacia los que desempeñaban funciones de autoridad.

El experimento tuvo que ser cancelado porque algunos participantes mostraron signos preocupantes de problemas de salud mental.

Pese a que se cuestiona la ética de este tipo de experimentos, muchos psicólogos creen que los resultados muestran cómo el comportamiento humano es situacional, y que las personas tienden a desempeñar ciertos roles si las condiciones son las adecuadas.

Si este experimento te parece interesante, te comentamos que hay una película basa en él: «The Stanford prison experiment»

3. Experimento del “buen samaritano”

Estudio conducido por John Darley y Daniel Batson.

Realizado en 1973.

Lugar: Seminario Teológico de Princeton (Estados Unidos).

El objetivo de la investigación era estudiar las posibles causas del comportamiento altruista. Dos de las hipótesis fijadas fueron las siguientes:

  • Las personas creyentes en la religión y principios superiores, no estarían más inclinadas a mostrar un comportamiento de ayuda que los laicos.
  • Las personas con prisa serían mucho menos propensas a mostrar un comportamiento de ayuda.

Los participantes de este estudio recibieron enseñanzas e instrucciones religiosas, y luego se les pidió que fueran de un edificio al otro. Entre esos dos edificios había un hombre tirado en el suelo, lastimado, y con apariencia de necesitar asistencia urgente.

La primera variable que se testeó fue la urgencia que tenían los sujetos: a algunos se les había dicho que no se apuraran, mientras que a otros se les instruyó que la velocidad en llegar al otro edificio era esencial.

Los resultados del experimento fueron llamativos, y la prisa de la persona demostró ser el factor primordial:

  • Cuando no tenían prisa, casi dos tercios de las personas pararon a prestar ayuda.
  • Cuando el sujeto tenía prisa, el porcentaje bajó a uno cada diez.
  • Quienes estaban en camino de pronunciar un discurso sobre la importancia de ayudar, demostraron tener casi el doble de probabilidades de ayudar que aquellos que iban a pronunciar otros sermones. Esto demuestra que los pensamientos de la persona eran un factor fundamental para determinar el comportamiento.

 

4.   El Efecto Halo

Estudio conducido por Edward Thorndike

Llevado a cabo en 1920.

En este experimento, Edward Thorndike le pidió a distintos oficiales al mando del ejército que calificaran diversas características de sus subordinados. El psicólogo estaba interesado en comprender cómo las impresiones de una cualidad, como la inteligencia; influyen en la percepción de otras características, como el liderazgo, la lealtad y la honestidad.

Thorndike descubrió que cuando las personas tienen una buena impresión de una característica, esos sentimientos tienden a afectar la percepción de las demás cualidades. Por ejemplo, creer que alguien es atractivo puede crear un efecto halo que hace que también creamos que esa persona es amable, inteligente y divertida.

El efecto opuesto también existe: los sentimientos negativos sobre una característica, llevan a crear impresiones negativas sobre las demás.

Día a día es posible ver cómo utilizamos este mecanismo, por ejemplo en el modo en que percibimos a ciertas personas famosas (relacionadas con el cine, la música o los deportes). Se trata de personas públicas cuya imagen es siempre desarrollada de manera muy minuciosa por agencias de marketing. En realidad, poco conocemos sobre ellas.

Por ende, podría decirse que el efecto halo muestra cómo nuestro cerebro rellena ciertos vacíos de información con los datos que disponemos. Todo esto, con el objetivo de hacer que la incertidumbre desaparezca.

5.   El violinista en el metro

Estudio conducido por el Washington Post (Estados Unidos)

Llevado a cabo en 2007

El objetivo de este estudio era evaluar cuán observadora es la gente de las cosas que pasan a su alrededor.

Durante el estudio, los peatones caminaron apurados sin notar que el músico que tocaba en la entrada del metro era el ganador del Grammy Joshua Bell. Dos días antes, el músico había vendido todas las entradas para un concierto en Boston, donde los asientos costaban alrededor de 100 dólares (unos 4000mil pesos argentinos).

Tocó una de las piezas más complejas de la música, con un violín que vale 3.5 millones de dólares.

En los 45 minutos que el músico tocó el violín, sólo 6 personas frenaron y se quedaron mirándolo por un rato. Unas 20 personas le dieron plata, pero continuaron caminando luego.

El estudio y el artículo realizado por el Washington Post fueron parte de un experimento social que analiza la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. Gene Weingarten, periodista encargado de la publicación escribió: “En un ambiente banal, en un momento inconveniente, ¿trascendería la belleza?”.

Algunas de las preguntas que aborda el artículo son: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos para apreciarlo? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado? Como resultado, muchos de nosotros no somos tan perceptivos a nuestro entorno como nos gustaría pensar.