Indefensión aprendida: qué es, ejemplos y cómo superarla
En este artículo
La indefensión aprendida, también llamada desamparo aprendido, es un estado en el que una persona, después de vivir situaciones negativas que no pudo controlar, deja de intentar cambiarlas aunque ahora sí tenga cómo hacerlo. La describió Martin Seligman a fines de los años sesenta y se asocia con la depresión.
La indefensión aprendida es una condición psicológica, de un ser humano o animal, que aprendió a inhibirse ante situaciones adversas, manteniendo un estado de pasividad aun cuando las condiciones cambian y pueden generar una respuesta de lucha o huida. El término fue acuñado por Martín Seligman, padre de la psicología positiva.
Es un aprendizaje dado que la persona o animal, al comienzo puede haber desarrollado acciones antes estas situaciones, pero sin lograr los resultados deseados y como consecuencia terminan desarrollando una pasividad antes estas. Con el tiempo, las situaciones pueden cambiar, pero el aprendizaje queda interiorizado que bloquea cualquier posibilidad de cambio.
Ejemplo de este comportamiento es el cuento del elefante de Bucay, el cual narra la historia de un elefante atado a un pequeño trozo de madera del cual le sería muy fácil escapar. Pero ese trozo de madera lo está sosteniendo desde que es recién nacido, seguramente el animal ha tirado muchas veces hasta que algún día aceptó su impotencia y dejó de intentarlo. Desde entonces, el elefante tiene grabado el recuerdo de su impotencia. Y lo que es peor, nunca más volvió a cuestionar ese recuerdo y no volvió a poner a prueba su fuerza.
En este artículo desarrollaremos qué es el síndrome de indefensión aprendida, veremos ejemplos y cómo superarla. ¡Continúa leyendo!
¿Qué es el síndrome de indefensión aprendida?
El síndrome de indefensión aprendida propone que la exposición a un hecho incontrolable, hace que el ser humano forme una representación de no contingencia entre su comportamiento y la terminación del suceso aversivo y espera que esa contingencia se mantenga en el futuro (Obando Martínez, 2019).
Las situaciones de indefensión aprendida producen tres efectos cognitivos en las personas: refuerzan la creencia de que no hay posibilidad de controlar las situaciones desagradables, a pesar que esto no sea así; producen apatía y desmotivación, por lo que se dejan de intentar cambiar las cosas; y también afectan a los procesos de aprendizaje, porque cesan los intentos por encontrar nuevas vías de escape o de resolución.
Indefensión aprendida de Martín Seligman
Seligman desarrolló sus estudios analizando el comportamiento de los animales, a través de un método un tanto cuestionable. Trabajó con perros encerrados en cajas metálicas a los cuales se les aplicaba corriente eléctrica. A algunos de ellos se les permitía escapar presionando una palanca metálica con sus patas, mientras que a otros, si bien disponían de la misma palanca, se les impedía la salida. Tras cierto tiempo de experimentación, los perros que no habían podido escapar en los primeros intentos se quedaban resignados en sus cajas recibiendo la dolorosa corriente eléctrica, sin volver a intentar escapar. Continuando las experimentaciones, se llegó a la conclusión de que los perros que no habían podido escapar las primeras veces adquirían tal desmotivación que, aunque las cajas fueran modificadas y presentaran nuevas vías de escape, dejaban de intentarlo. Se encontraban paralizados.
El trabajo original se publicó en 1967 (Seligman y Maier, Journal of Experimental Psychology). Lo importante del diseño es que los perros de los dos primeros grupos recibían exactamente las mismas descargas: lo único que cambiaba era si podían hacer algo para cortarlas. Por eso los autores concluyeron que lo que paralizaba no era el dolor en sí, sino la falta de control.
Esta teoría permite explicar que los humanos y animales pueden aprender a comportarse de maneras que tiendan a la pasividad. Este aprendizaje se acompaña de la sensación subjetiva de no poder hacer nada, por lo que no se llevan a cabo acciones que permitan resolver la situación aversiva. La teoría de indefensión aprendida se ha relacionado con depresión clínica y otros trastornos que correlacionan la percepción de ausencia de control sobre el resultado de una situación
De acuerdo a Bernabé y Malmierca (1992), la idea de indefensión resulta de la expectativa de que las respuestas emitidas por los sujetos no podrían controlar los resultados. Por lo que se producen los siguientes efectos:
- Déficit motivacional para emitir nuevas respuestas.
- Déficit cognitivo para aprender que las respuestas controlan los resultados.
- Reacciones afectivas de miedo y depresión.
Circunstancias que provocan la aparición de síntomas de indefensión aprendida
- Exposición a situaciones de violencia física y/o psicológica
- Entorno excesivamente controlado
- Mensajes desvalorativos recibidos en la infancia
- Fracasos continuados que llevan a desistir de seguir intentándolo
- Exposición a conductas sin orden lógico, que hacen que las personas no puedan anticiparse y prepararse
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Ejemplos de indefensión aprendida
Algunos grupos sociales en los que es más frecuente observar la adquisición del síndrome de indefensión aprendida es en los siguientes casos:
1. Indefensión en niños
Los niños a los que se les deja llorar repetidamente y no son atendidos, empiezan a dejar de llorar. Se acostumbran a dejar de pedir asistencia y cuidado, por más que sientan hambre, sueño o dolor. Esto se estudió mucho en hogares y orfanatos, donde la situación y los recursos limitados dificultan la atención simultánea de todos los niños. Tras tiempos prolongados de desatención ante el llanto, los niños dejan de llorar, adoptando una actitud completamente pasiva.
2. Síndrome de indefensión aprendida en violencia de género
Las mujeres víctimas de violencia de género vivencian situaciones que consideran que no tienen escapatoria. Se sienten sin posibilidad de contar lo que sucede, principalmente porque los victimarios están todo el tiempo cerca de ellas, dado que la mayoría de estas situaciones se producen en el seno del hogar. Son personas que sufren de diversas formas de maltrato que minan su autoestima y seguridad, por lo cual en muchos casos, se sienten incapaces de pedir ayuda.
3. Casos de bullying
Otro ejemplo es el de los niños que sufren acoso o bullying. En estos casos, los niños y adolescentes suelen sentirse culpables y en muchas situaciones no cuentan con la edad suficiente para poder transmitir en palabras lo que están vivenciando. Consideran como válidos los menosprecios, por lo que no buscan mecanismos de defensa.
4. Indefensión aprendida en animales
Muchas mascotas y animales adoptan síntomas de indefensión aprendida cuando han sido expuestas a distintas formas de maltrato o abandono. En muchas ocasiones, puede parecer que simplemente se trata de un animal bueno e indefenso, pero con el tiempo puede observarse que los animales carecen de ganas de vivir y adoptan una posición de sumisión constante.
5. Indefensión aprendida en el trabajo o en los estudios
Un estudiante que desaprueba matemática varias veces, aunque estudie, puede llegar a la conclusión de que «no le da la cabeza» y dejar de intentarlo, incluso cuando cambia de docente o de método. Algo parecido pasa en trabajos donde las decisiones se toman sin escuchar a nadie y el esfuerzo no cambia nada: con el tiempo la persona deja de proponer ideas y hace lo mínimo, aunque más adelante el contexto cambie.
Síntomas
Existen una gran variedad de síntomas que puede provocar la indefensión aprendida dependiendo de la persona, las situaciones, entorno, el tiempo transcurrido entre otros.
Los principales síntomas que se observan en estos casos son:
- Pasividad ante situaciones adversas
- Pensamientos y sentimiento de resignación e impotencia
- Bloqueos o inhibición conductual
- Falta de motivación y baja autoestima
- Depresión
- Ansiedad
- Miedos recurrentes
- Aislamiento
Qué dice hoy la ciencia: la revisión de Seligman 50 años después
En 2016, Steven Maier y Martin Seligman, los mismos investigadores del experimento original, publicaron en Psychological Review una revisión de lo que la neurociencia había descubierto en medio siglo. Su conclusión fue sorprendente: la teoría original estaba al revés.
Según los estudios con animales que revisaron, quedarse quieto ante un malestar prolongado que no se puede controlar no es algo que se aprenda: es la reacción por defecto del cerebro, que depende de una zona del tronco encefálico llamada núcleo dorsal del rafe. Lo que sí se aprende es el control. Cuando el animal descubre que su conducta cambia algo, se activa la corteza prefrontal medial, que frena esa reacción de pasividad, y esa experiencia lo protege también frente a situaciones adversas futuras.
Este cambio de mirada tiene una consecuencia práctica: salir de la indefensión no pasa tanto por «desaprender» la resignación como por volver a tener experiencias de control, aunque sean pequeñas.
La explicación que nos damos también importa
Ya en 1978, Lyn Abramson, Martin Seligman y John Teasdale propusieron que no alcanza con vivir algo incontrolable: también influye cómo nos lo explicamos. Quien piensa que lo que le pasó depende de algo propio («es culpa mía»), permanente («siempre va a ser así») y general («me pasa con todo») tiene más riesgo de caer en la indefensión y en la depresión que quien lo atribuye a algo puntual o externo. Este estilo atribucional es uno de los puntos que se trabajan en terapia.
¿Cómo salir de la indefensión aprendida?
Al ser un comportamiento que no mostramos de manera innata, podemos modificarla o desaprenderla. Para ello, es necesario desarrollar nuevas formas de comportamiento alternativo, que ayuden a resolver los conflictos a través del reforzamiento de la autoestima y que posibiliten a las personas adquirir la confianza para modificar y solucionar las situaciones aversivas que vivencian. Es indispensable la incorporación de nuevas herramientas que permitan a las personas que se sienten indefensas, confiar en que poseen la capacidad para vehiculizar una solución.
Algunas estrategias que suelen trabajarse en terapia:
- Proponerse metas chicas y alcanzables, para volver a comprobar que el propio esfuerzo cambia algo.
- Anotar los logros del día, aunque parezcan menores, porque la indefensión tiende a borrarlos.
- Revisar las explicaciones automáticas («nunca me sale nada») y buscar otras más ajustadas a los hechos.
- Identificar qué parte de la situación sí depende de uno y empezar por ahí.
- Apoyarse en otros: amigos, familia o un profesional.
La terapia cognitivo-conductual tiene herramientas específicas para trabajar cada uno de estos puntos.
Para lograr salir de la indefensión resulta fundamental que los comportamientos alternativos a desarrollar se asocian a expectativas y experiencias positivas. Las personas que presentan indefensión deben entender que los cambios para trascender las vivencias aversivas deben partir de ellas mismas, y no del entorno.
Algunas veces se puede dar una experiencia positiva, pero sucede a menudo necesitan ayuda del entorno familiar o amigos. Ya que la baja autoestima no deja ver los logros y la resignación es tan poderosas, que no contemplan la posibilidad de pedir ayuda.
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Referencias
Indefensión aprendida en sujetos humanos y su inmunización. Influencia del estilo atribucional y de los programas de reforzamiento [Link]
- Seligman, M. E. P. y Maier, S. F. (1967). Failure to escape traumatic shock. Journal of Experimental Psychology, 74, 1-9.
- Abramson, L. Y., Seligman, M. E. P. y Teasdale, J. D. (1978). Learned helplessness in humans: critique and reformulation. Journal of Abnormal Psychology, 87(1), 49-74. (PubMed)
- Maier, S. F. y Seligman, M. E. P. (2016). Learned helplessness at fifty: insights from neuroscience. Psychological Review, 123(4), 349-367. (Texto completo)
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