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¿Qué es lo “normal” y “anormal” para la Psicología? El desafío de definirlo 

Normal Anormal - Cartel de calle

¿Qué es lo “normal” y “anormal” para la Psicología? El desafío de definirlo 

Normal Anormal - Cartel de calle¿Alguna vez te pusiste a pensar qué es lo “normal” para vos? ¿Y lo “anormal”? Difícil, ¿no? Bueno, te damos un ejemplo. Según la RAE, anormal es:

  1. “Que accidentalmente se halla fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes”.
  2. “Persona cuyo desarrollo físico o intelectual es inferior al que corresponde a su edad”.

Ciertamente, en Psicologos Córdoba no estamos del todo de acuerdo con esas definiciones. De hecho, creemos que la interpretación de estos términos varía ampliamente de acuerdo a las personas, el tiempo, los lugares, las culturas y situaciones. Lo normal y anormal es, después de todo, una percepción subjetiva.

En términos simples, la sociedad a menudo percibe o etiqueta lo normal como “bueno”, y lo anormal como “malo”. Esta simplificación puede tener profundas consecuencias para una persona, tal como la exclusión o la estigmatización por parte de la sociedad.

En este artículo hacemos un intento por aclarar en qué consisten estos dos conceptos, y despejar algunas dudas que existen en torno a ellos. 

Normal y anormal, partes de una misma idea

Si nos ponemos a pensar, es prácticamente imposible definir uno de estos conceptos sin aludir directa o indirectamente al otro. Lo normal y anormal no son dos entes diferentes: ambos forman parte de una totalidad que engloba numerosos aspectos de la conducta humana.

Por lo general, en Psicología las definiciones de lo normal suelen girar en torno a cuatro dimensiones:

  • Relacionado con la salud. Entendiendo lo normal como lo contrario a la enfermedad, la ausencia de signos y síntomas.
  • Entendido como medida estadística. En estos casos, el modelo de sociedad se establece a partir de la conducta mayoritaria. Lo normal pasa a ser todo aquello que la población manifiesta con más frecuencia según la edad, raza, origen, nivel socioeconómico, etc. De este modo, lo normal sería el “ideal”, mientras que lo anormal implicaría una desviación de la norma.
    Un ejemplo simple: está bien lavarse las manos, y es “normal” hacerlo. Sin embargo, hay personas que lo hacen compulsivamente, incluso sabiendo que sus manos están limpias. Ahí sí puede hablarse de una desviación de lo normal, entendiendo que se trata de un trastorno obsesivo compulsivo.
  • Como un proceso dinámico, que puede retornar a un equilibrio. Esta apreciación se origina por las corrientes conductistas, que entienden que la forma de comportarse de las personas es consecuencia de ciertas experiencias significativas para su personalidad. Estas experiencias son las que determinan la adaptación (normalidad), o la presencia de patología en las personas.
  • Como el ideal a realizar. Fundamentado en las teorías de Freud, y entendida como “una mezcla armoniosa y perfecta” de los distintos elementos de la mente: el yo, el ello y el superyo). Para estos planteos, lo normal es una utopía a alcanzar.

Definición clínica de lo “anormal”

La Psicología actual establece que un desorden psicológico es una condición caracterizada por la presencia de pensamientos, sentimientos y comportamientos anormales. Aquí caemos nuevamente en lo mismo: ¿qué es lo anormal?.

Para responder a esta pregunta, las ciencias que estudian la mente humana han desarrollado manuales como el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), o el CIE-11 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud). 

Ambos escritos se conforman a partir de una jerarquía estandarizada de criterios diagnósticos. El objetivo es discriminar los comportamientos y síntomas normales de aquellos anormales o, mejor dicho, “patológicos”.

Pese a la compleja tarea de definir estos dos términos, sí es importante que existan ciertos parámetros, con el objetivo de poder identificar y ayudar a personas que puedan tener algún padecimiento de salud mental 

En el DSM-5 (la última edición de este Manual), no existe una definición de lo normal y lo anormal. Lo que hace el manual es especificar en qué consiste un trastorno mental, para identificar síntomas o comportamientos «anormales» que puedan indicar algún tipo de desorden:  

«(…) Un síndrome caracterizado por una alteración clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento de un individuo, que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen en su función mental».

Un concepto en constante evolución

Es importante aclarar que la definición de estos dos términos ha ido cambiando con el tiempo y lo deberá seguir haciendo: las sociedades y los conceptos evolucionan, y los parámetros deben sí o sí tomar eso en consideración. Lo cierto es que este conflicto en la categorización del funcionamiento mental anormal frente a aquel considerado normal, ha existido por años. 

Gran parte de esta discusión se centra en la distinción entre una reacción de estrés esperada (una reacción a eventos estresantes, que podría considerarse «normal»), y la disfunción individual (síntomas o reacciones de estrés que van más allá de lo que podría ser una reacción «normal» o esperada).

Para solventar este conflicto, el DSM diferencia explícitamente los trastornos mentales de aquellas conductas que no presentan “desorden”. Una conducta “sin desorden” se origina como respuesta a estresores sociales. 

Por eso, para realizar un diagnóstico de trastorno mental, los síntomas del individuo no deben sólo responder a un evento en particular; sino que también deben considerarse como una manifestación de una disfunción conductual, psicológica o biológica. Para el DSM, una respuesta predecible o culturalmente aceptable ante un estrés usual o una pérdida, tal como la muerte de un ser querido, no constituye un trastorno mental. Asimismo, ni los comportamientos «anormales”, ni los conflictos entre la persona y la sociedad son trastornos mentales, a menos que la desviación o el conflicto sean síntomas de una disfunción.

Dicho esto, si la respuesta de un individuo a una situación particular está causando un deterioro significativo en más de un área de la vida de la persona (como el trabajo, el hogar, el ambiente escolar o las relaciones); puede considerarse anormal o un indicador de un trastorno psicológico, independientemente de su origen.

El problema de la estigmatización

Normal anormal - EstigmaLa sociedad tiende a sentirse incómoda con la «anormalidad»; por lo tanto, si alguien no se ajusta a lo que se percibe como normal, se le puede dar una serie de etiquetas negativas, como «enfermo», «loco» o «psicópata». Estas etiquetas conducen a la discriminación, la marginación y el aislamiento, e incluso la violencia contra el individuo. 

No hace falta irse muy lejos para ejemplificar este fenómeno: hasta hace unos años, muchos decían que las personas homosexuales eran anormales, e incluso eran definidas como “enfermas mentales”. Afortunadamente, esa concepción ha ido cambiando con el paso del tiempo.  

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un tercio del planeta reúne los criterios para ser diagnosticados con al menos una enfermedad mental en algún momento de sus vidas.

Desafortunadamente, el estigma y la discriminación pueden aumentar el sufrimiento y discapacidad de las personas que padecen enfermedades mentales. 

¿Qué es un estigma?

Básicamente, la desaprobación y el juicio social de una persona o grupo de personas porque no se ajustan a las normas sociales de su comunidad. En el contexto de la enfermedad mental, el estigma social se caracteriza por actitudes prejuiciosas y conductas discriminatorias dirigidas hacia personas con enfermedades mentales como resultado de la etiqueta que se les ha otorgado.

Esto favorece también la auto estigmatización. Esto es, cuando alguien internaliza las percepciones negativas de la sociedad sobre ellos o sobre las personas que piensan que son como ellos: comienzan a creer, o temen que otros creerán, que las etiquetas y percepciones negativas son ciertas.

En Argentina (y en todos los países del mundo), las personas a menudo son presionadas para ser «normales»; o al menos percibidas como tales, para ganar aceptación por parte de la sociedad. 

La internalización de las percepciones negativas suele producir sentimientos de vergüenza en las personas, y a menudo genera consecuencias como la negativa a recibir tratamiento y el aislamiento social.

Por todo esto, es importante trabajar sobre la difusión de estos conceptos, aumentar la conciencia social y la comprensión de las enfermedades mentales; con el objetivo de desafiar la exclusión social y favorecer el bienestar mental de aquellas personas que padecen trastornos.