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Dudas sobre la psicoterapia infantil

niño en una terapia infantil

Dudas sobre la psicoterapia infantil

Está más que claro: ningún padre quiere ver a su hijo sufrir.  

Lo cierto es que, como en todas las etapas de la vida, en la infancia también pueden aparecer algunos problemas que escapan del control propio de los padres. Es en esos momentos en donde debemos priorizar el bienestar de nuestros hijos, y pensar en acudir a un profesional. 

Tomar la decisión de consultar con un psicólogo no es fácil, pero sí acertado.  

Una vez que sacamos el turno, es normal que aparezcan numerosos interrogantes y dudas. ¿Cuánto durará la terapia? ¿Debo involucrarme en el proceso? ¿Cómo me doy cuenta si tiene efecto? ¿El psicólogo me mantendrá al tanto de lo que suceda? No te preocupes: todo eso y mucho más, te lo respondemos en este artículo.

Primer encuentro con el psicólogo infantil ¿Sólo asisten los padres? 

Sí, en una primera sesión solo deben asistir, en lo posible, ambos padres o tutor del niño. El objetivo de la primera sesión es conocer los motivos por los cuales el niño va a empezar terapia, y obtener información sobre el contexto familiar. Por este motivo los padres van solos. Esto permite que se desenvuelvan, y evita generar incomodidad tanto en ellos como en sus hijos. 

La información que obtiene el psicólogo en esta entrevista es fundamental para prepararse para la primera sesión con el niño, y entablar una buena relación con él.  

Este primer encuentro también sirve para que el psicólogo explique a los padres cómo se va a desarrollar el tratamiento y a su vez, los padres pueden aprovechar este encuentro para sacarte todas las dudas con respecto al psicologo y a la terapia que va a comenzar tu hijo.

¿Los padres se involucran en el proceso? 

Sí. Los padres adquieren un rol clave en la terapia infantil. Ellos son un soporte fundamental para el niño, y tienen un rol muy importante en su desarrollo. 

A veces, existe la creencia de que el terapeuta sólo va a trabajar con el niño, y así solucionar fácilmente el problema. Sin embargo, la terapia infantil no funciona de ese modo: únicamente desde un tratamiento global, que tenga en cuenta todas las dimensiones, personas y relaciones que afectan a la vida del niño; se podrán conseguir resultados positivos. 

El rol que el terapeuta le asigne a los padres va a depender de distintos factores. Cada caso es único y amerita enfocar el tratamiento de una manera específica. Además, es importante valorar aspectos como la edad del niño: no es lo mismo tratar con alguien pequeño, que depende totalmente de sus padres; a tratar con un adolescente, quien ya ha desarrollado cierta madurez y ocupa un lugar más independiente en el mundo. 

Por lo general, éstas son las posiciones que el psicólogo puede adoptar: 

  • Mantener informado a los padres. Para aliviar sus dudas, ansiedades, y entablar un feedback a medida que avance la terapia.
  • Permitirles participar de las sesiones. En estos casos, se considera que el vínculo padre/hijo juega un papel muy importante en la problemática del niño.
  • Tratarlos simultáneamente, aunque de manera separada. Esta opción se lleva a cabo cuando el terapeuta considera que el accionar de los padres tiene un peso importante en la problemática de su hijo.

Estas modalidades no son únicas ni excluyentes: el psicólogo puede aconsejar llevar a cabo una u otra, o incluso intercalarlas; de acuerdo a lo que considere necesario en cada etapa.  

¿El terapeuta infantil me va a comentar sobre los avances y lo que suceda durante el proceso? 

Sí, el terapeuta explicará de manera general sobre lo que ocurre en las sesiones, pero esto no implica que vaya a brindar información de la intimidad del niño/a. También pondrá al tanto a los padres sobre los avances. 

La ansiedad y necesidad de respuestas por parte de los padres es un elemento que suele estar presente, y es comprensible. Y si bien es normal que tengan preguntas, es importante no hacerlas frente a sus hijos, ya que puede generar cierta incomodidad en ellos. Por ello, suelen programarse encuentros fuera de las sesiones del niño para saldar cualquier duda o se destinan algunos minutos al final de la sesiones para conversar con los padres a solas. 

Más allá de las inquietudes de los padres, el diálogo entre el psicólogo y los padres también es fundamental porque a partir de éste se pueden definir distintos lineamientos a seguir. Esto implica tomar medidas, llevar a cabo acciones, o establecer rutinas por fuera del consultorio que ayudarán en el tratamiento del niño. 

Te puede interesar nuestro artículo sobre «El rol de los padres en la psicoterapia infantil»

Preguntas frecuentes sobre la terapia infantil

niño en una terapia infantilEn este apartado te comentaremos algunas preguntas frecuentes que surgen antes de llevar un niño a terapia.

¿Cuánto durará la terapia?

No hay una respuesta única a esta pregunta. Por lo general, la duración de un tratamiento psicológico está marcada por los avances (esto aplica tanto a los adultos como a los niños). 

Si el niño puede resolver sus problemas, si se va sintiendo mejor; las sesiones comenzarán a espaciarse y sabrá que puede volver siempre que lo necesite.

¿Cómo me doy cuenta si la terapia tiene efecto? 

El cambio no se notará de un día para el otro. La terapia es un proceso en el que el terapeuta trabaja de manera gradual con el niño, para brindar herramientas que le permitan afrontar sus problemas y recuperar el bienestar emocional.  

También es importante entender que los procesos en el niño son muy diferentes a los del adulto. Las primeras sesiones siempre se focalizan en generar un vínculo sano y de confianza, donde el niño se pueda expresar. Es normal que los padres tengan la expectativa de que el niño “cambie” o mejore rápidamente, pero esto no siempre es así.  

Una vez alcanzados los objetivos de esta primera etapa, las sesiones pasan a un segundo momento, en donde se trabaja sobre el motivo de la consulta. 

Por todo ello, es importante no generar sobre expectativas y prestar atención a los pequeños detalles: ya sean cambios corporales, actitudinales o emocionales. Esto aplica tanto al proceso de terapia en sí (que el niño muestre entusiasmo para acudir, le cuente a sus padres lo que hizo, salude amablemente al profesional, etc.); como en lo vinculado al problema que atraviesa: si retoma el interés por algunas actividades, si se muestra más contento, o se involucra más en la vida familiar. Siempre es importante tener en cuenta si los síntomas van disminuyendo. 

Por último, hay que tener en cuenta que en un tratamiento hay fluctuaciones. Esto aplica tanto para la terapia de adultos, como para la de niños. Por ende, es natural que haya avances, así también como momentos de estancamiento o algunos pasos atrás. 

Lo importante es entender que cuando la terapia va cumpliendo los objetivos, son los propios padres los que observan las mejoras en sus hijos.  

¿El niño se va a hacer dependiente de la terapia?  

No, la terapia de ninguna manera pretende generar una dependencia del niño con el psicólogo. Por el contrario, el objetivo es brindarle herramientas, para que en un futuro puedan afrontar situaciones similares por sí mismo/a. 

¿Por qué el psicólogo va a resolver un problema que deberían resolver los padres? 

El objetivo del psicólogo no es reemplazar a los padres. Más allá del apoyo que puedan recibir de su entorno, muchos chicos necesitan ayuda de un profesional para afrontar distintas situaciones que deben pasar en su desarrollo: un duelo, la separación de sus padres, o conflictos internos suyos, entre otras cuestiones.  

El psicólogo tiene el conocimiento para ayudar a que los niños transiten sanamente por esa situación.  

También es importante aclarar que el problema que pueda tener un niño no necesariamente es culpa de los padres: hay cuestiones que van más allá de su propia influencia, como los problemas de aprendizaje, de conducta, factores genéticos, etc. 

Otro aspecto importante es que el psicólogo, al ser una persona externa al núcleo familiar, cuenta con mayor facilidad para realizar el abordaje al niño. Es sabido que una persona no presenta la misma conducta cuando se encuentra en su zona de confort (casa, escuela, etc); que cuando se encuentra fuera de ésta. Esto es un factor que favorece la resolución de los conflictos por los que se consulta.  

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