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Psicología inversa: una técnica que usamos a diario

Psicología inversa - Niños no quieren comer

Psicología inversa: una técnica que usamos a diario

No leas este artículo. En serio, no lo leas. ¿Seguís leyendo? La razón es muy sencilla: hemos utilizado la psicología inversa.

Se trata de una técnica de intervención psicológica desarrollada por Viktor Emil Frankl, en la que se le pide a alguien que haga exactamente lo opuesto a lo que deseamos. Pero, ¿qué obtenemos con esto? ¿cómo puede llegar a ser “efectivo”? ¡Seguí leyendo y lo vas a entender!

¿Quién fue Viktor Emil Frankl?

Viktor Frankl - Psicología inversaViktor Emil Frankl fue un psiquiatra austríaco judío, que sobrevivió al holocausto luego de pasar por distintos campos de concentración, incluyendo Auschwitz. Su esposa, padres, hermanos, numerosos colegas y amigos; no corrieron con la misma suerte.

Esta experiencia fue determinante para Frankl, quien al ser finalmente liberado escribió una de sus más reconocidas obras: “El hombre en busca de sentido”. En esta obra, relató lo acontecido durante los años en los campos de concentración, y cómo hizo para sobrevivir.

El psiquiatra diría que su intención era “simplemente transmitirle al lector, a través de un ejemplo concreto, que la vida tiene un significado potencial en todas las condiciones, incluso en las más miserables”.

Pero, ¿cómo se relaciona esto con la psicología inversa?

Ya desde muy joven, a Frankl le interesaron los interrogantes a los que buscaría dar respuesta durante toda su vida: ¿por qué vivir? ¿para qué vivir?

El psiquiatra solía preguntar a sus pacientes más inestables “¿por qué no se suicida?”. A partir de ese disparador, las personas imaginaban el suceso y encontraban motivos para no hacerlo. En ese punto, Frankl comenzaba a trabajar con el objetivo de atar y vincular a sus pacientes a ese motivo que los aferraba a la vida. De esto se trata la psicología inversa.

A continuación, te lo explicamos más en profundidad.

¿Qué es la psicología inversa?

La psicología inversa es una técnica que sirve para hacer que alguien haga lo que queremos, pidiéndole exactamente lo contrario. Parece complicado, pero la usamos más de lo que creemos.

Para lograr comprender bien esta noción, es clave entender antes otro concepto: la reactancia. Se trata de una motivación que aparece en la persona, que la conduce a intentar recuperar su libertad de acción. Esto sucede cuando siente que se amenazan algunas libertades en su conducta.

A menudo, cuando nos piden que hagamos algo que se contradice con nuestros esquemas mentales, lo vemos como una amenaza a nuestra libertad. Esto hace que nos neguemos a hacerlo, o hagamos lo contrario. En otras palabras, se produce un cambio de percepción: le restamos valor a las conductas permitidas, y sobrevaloramos las conductas prohibidas.

La psicología inversa juega con este principio de reactancia. Un ejemplo en la utilización de esta técnica a nivel terapéutico, puede aplicarse con el problema de insomnio. Un paciente no puede dormir, sin saber los motivos. El psicólogo le propone que en lugar de intentar dormirse, tiene que concentrarse en mantenerse despierto el máximo tiempo posible. El paciente acabará por dormirse.

Cuando alguien nos dice que no podemos hacer algo, solemos manifestar tres respuestas:

  • Lo queremos aún más.
  • Nos rebelamos con el objetivo de defender nuestra libertad.
  • Nos enojamos con la persona que limita nuestra libertad.

Cuando le decimos a otro “te iba a contar algo, pero mejor no”, ¿qué es lo que en realidad deseamos? Que la persona insista para que cambiemos de opinión y se lo contemos. Pero si esa otra persona dice “ok, no me lo cuentes”, la perspectiva cambia: ahora somos nosotros los que tenemos más ganas de contárselo. En consecuencia, la psicología inversa ha funcionado con nosotros.

Psicología inversa en nuestra vida cotidiana

Como ya hemos visto, la psicología inversa permite que alguien se comporte de cierta manera, luego de que se le pida que actúe de la manera opuesta. En nuestra vida cotidiana, utilizamos esta técnica muy a menudo: con amigos, familiares, compañeros de trabajo o de estudio.

Si tenemos que ir a un evento con un amigo impuntual, podemos desafiarlo diciendo “apuesto que no llegás a tiempo”. Esta simple afirmación podría motivar a nuestro amigo a hacer exactamente lo contrario (llegar a tiempo); sólo para demostrarnos que estamos equivocados.

También, la psicología inversa es muy utilizada en campos como el Marketing. La realidad es que nadie desea que le digan qué debe comprar. Pero si de repente el mensaje es “NO VEAS ESTE ANUNCIO”, la predisposición del cliente va a ser distinta: ese mensaje de prohibición puede despertar el interés de la persona, que finalmente terminará viendo el anuncio, sólo por el hecho de oponerse a lo que le imponen. Si bien es un ejemplo bastante directo, el Marketing suele utilizar esta técnica de manera mucho más sutil.

Es evidente que con la psicología inversa se obtienen resultados muy efectivos, pero también creemos que debe usarse con cuidado. También, preguntarse en toda ocasión cuán ético es hacer uso de esta técnica.  

¿Por qué planteamos esto? En primer lugar, porque es una forma de manipulación: si la persona se da cuenta que estamos intentando manipularla para hacer exactamente lo contrario a lo que decimos, quizá termine perdiendo la confianza en nosotros.

Por otro lado, porque podemos terminar afectando su seguridad.

En base a esta reflexión, nos interesa centrarnos en el uso que hacen a veces los padres (en ocasiones, demasiado a menudo), de esta técnica con sus hijos.

Psicología inversa en la relación padres/hijos.

Cuando un niño no quiere comer, por lo general los padres agotan todos los recursos para que lo hagan. Finalmente, pueden decidirse por otra estrategia: “No comas eso hijo, porque es comida para adultos”. Esta simple afirmación puede provocar que el niño se rebele y termine comiendo, sólo porque se lo prohíben. Éste es sólo un ejemplo de los numerosos usos que dan los padres a la psicología inversa.

Como puntapié para esta reflexión, tomamos las palabras de Sabina del Río Ripoll, psicóloga y miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y el Adolescente. De acuerdo a esta psicóloga, «esta técnica puede funcionar si se utiliza de modo puntual, sobre todo en niños pequeños que estén en la fase de rebeldía».

Esa fase de rebeldía se desarrolla por lo general entre los dos y tres años de edad. Es una especie de “adolescencia”, en la cual el niño dice “no” muy seguido, para reforzar su identidad y autonomía. De acuerdo a Del Río, en esa etapa los niños “necesitan autoafirmarse y sentir que llevan el control de la situación, que no hacen las cosas porque otro se lo pida o indique, sino porque ellos quieren”.

Pero, ¿por qué es importante utilizarla únicamente de forma puntual? En primer lugar, porque si se abusa de este recurso, es posible que éste pierda eficacia. Pero lo más importante, no es conveniente utilizarla demasiado por un simple motivo: como ya dijimos, la psicología invertida es un método para manipular a las personas (en este caso los niños), y conseguir que hagan algo a través del engaño. Por ello, es muy importante que esta técnica no sea naturalizada por padres e hijos. En todo caso, debería ser utilizada únicamente en situaciones en que la relación esté alterada.

Entonces, ¿es bueno usarla o no?

Probablemente, lo mejor sería no aplicar nunca esta técnica ya que implica un engaño al niño. De todos modos, entendemos que esta conducta forma parte de esas tantas cosas que “jamás harías cuando fueras madre o padre” y ¡sorpresa! ahora las hacés.

Del mismo modo que en situaciones aparecen los gritos, amenazas, premios o castigos (no siempre idóneos para educar a un niño); también aparece la psicología inversa. Lo importante es que en ningún caso debe sustituir una comunicación natural, cálida y afectiva con los niños. Por el contrario, debe quedar reservada para ocasiones especiales, en las cuales no sabemos qué hacer con nuestros hijos, o creemos haber agotado todos los recursos.