Ataques de pánico
Los ataques de pánico son una reacción de ansiedad muy intensa que se da en periodos, los cuales aparecen de repente y pueden alcanzar su máxima intensidad en unos 10 minutos. En estas crisis, la persona sufre un agudo miedo o temor con la sensación de no poder controlarlo, la cual puede durar de minutos a horas.
“Pensé que me moría” “No lo podía controlar” “comencé a quedarme sin aire” “sentí que me estaba volviendo loco” son algunas de las frases que solemos escuchar ante una persona que sufrió ataques de pánico y experimento los síntomas físicos característicos de palpitaciones, sudoración, temblor, asfixia, náuseas y miedo a morir.
En muchos casos, los ataques de pánico llegan de la nada, sin ninguna advertencia. A menudo, no hay ninguna razón clara para el ataque. Incluso pueden ocurrir cuando estás relajado o dormido.

Las causas exactas del trastorno no son claras, la tendencia a tener ataques de pánico se da en familias, lo que puede sugerir que es congénito o sea que los genes juegan un papel muy decisivo al determinar quién lo va a heredar. Sin embargo, muchas personas sin antecedentes familiares de los síntomas de esta enfermedad llegan a sufrirlo. Las teoría existentes dicen que se trataría del “sistema de alarma” normal de un cuerpo, o sea el conjunto de mecanismos mentales y físicos que le permiten a una persona hacer frente a una amenaza, entra en acción sin que sea necesario o sea cuando no hay peligro.
Si bien, no sabemos con exactitud las causas que los producen, diversos tratamientos psicológicos ,brindados por especialistas, han mostrado resultados muy favorables. La teoría cognitiva, por ejemplo, se centra en los patrones de pensamiento y comportamientos que están sosteniendo o desencadenan los ataques de pánico. Se le brinda al paciente herramientas, para ayudar a controlar la situación en caso de volver a suceder y se busca de donde proviene esa manera de reaccionar.
¿Qué es lo peor que podría suceder realmente? Los que sufren estos ataques no son propensos a volverse locos o tener un ataque al corazón. Una vez que se aprende, que no hay nada realmente desastroso y es solo una reacción física, la experiencia de pánico se hace menos aterradora.
En la terapia de exposición para el trastorno de pánico, usted está expuesto a las sensaciones físicas de pánico en un ambiente seguro y controlado, que le da la oportunidad de aprender maneras más saludables de afrontamiento. Se le puede pedir a hiperventilar, mover la cabeza de lado a lado, o contener la respiración. Estos diferentes ejercicios provocan sensaciones similares a los síntomas de pánico. Con cada exposición, se vuelven menos temidas estas sensaciones corporales internas y siente una mayor sensación de control sobre su pánico.
En Argentina, no hay estadísticas precisas, pero se estima que una de cada treinta personas, en algún momento puede sufrir el ataque de pánico. Lo cual indica que es una patología de importante prevalencia dentro de nuestra sociedad y que crece cada año.
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