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Procrastinación: ¿falta de voluntad o problema emocional?

Procrastinación - Mujer mirando a la ventana

Procrastinación: ¿falta de voluntad o problema emocional?

Procrastinación - Mujer mirando a la ventana

Supongamos que esta mañana amanecí, y me propuse comenzar a escribir este artículo a las 8 am. Son las 12 del mediodía, y recién ahora estoy empezando. ¿Qué pasó? En la visión lógica de la procrastinación (concepto muy extendido en la actualidad), no fui capaz de administrar adecuadamente mi tiempo. 

Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren algo distinto. Tim Pychyl, psicólogo y profesor de la universidad de Carleton, Canadá, explica: “la procrastinación no es un problema vinculado a la gestión del tiempo, sino un problema ligado a la gestión de las emociones”. 

En este artículo, ahondamos en estas evidencias y te brindamos algunas técnicas que cualquier persona puede usar para superar sus propios hábitos de procrastinación. ¡No te lo pierdas!

¿Qué es la procrastinación?

Procrastinación 4 - Reloj y tijera

Etimológicamente, la palabra “procrastinación” deriva del verbo en latín “procrastinare”, que significa “posponer hasta mañana”. Pero se trata de algo más que un retraso voluntario. Procrastinación también deriva de la palabra griega “akrasia”, que significa hacer algo en contra de nuestros intereses.

“La procrastinación es el retraso voluntario de un acto previsto, a pesar de saber que este retraso puede perjudicarnos”, plantea Pychil. Es decir, se trata de un comportamiento irracional, porque va en contra de nuestra propia idea de lo que nos hará felices.

Vincular las emociones y el estado de ánimo con aspectos del trabajo y la productividad puede resultar contradictorio. Sin embargo, cada vez son más los estudios y evidencias que sostienen que estos aspectos son los principales responsables de la procrastinación.

Procrastinación y emociones

Para entender esto, sólo basta pensar en lo siguiente: es evidente que completar tu lista de tareas diarias te hará sentir feliz, menos estresado y más “completo”. Sin embargo, no lo hacés. Intentar hallar los motivos por lo que esto ocurre no suele ser tarea fácil: al ser un acto irracional, está muy ligado a cuestiones emocionales.

Pychyl explica que, específicamente, la procrastinación es una “estrategia de afrontamiento que nos permite lidiar con las emociones negativas”. Sería algo parecido a esto: 

  • Nos sentamos para llevar a cabo una tarea.
  • Proyectamos sobre cómo nos sentiremos al realizar esa tarea.
  • Predecimos que la tarea no nos hará sentir del todo felices (por ejemplo, puede estresarnos, hacernos sentir mal, etc.).
  • Nuestra estrategia de afrontamiento entra en acción con el objetivo de mantenernos alejados de este mal presentimiento.
  • Evitamos realizar la tarea.

Tipos de procrastinación

El psicólogo Neil Fiore distingue entre cinco tipos de procrastinación. Esto depende de cuáles son los motivos de las personas para posponer la actividad.

  • Impostor: Este perfil de procastinador engloba a aquellas personas que temen ser inferiores y, por ello, pospone sus actividades para evitar el riego. Este mecanismo suele desarrollarse cuando sus jefes son personas exigentes y difíciles de complacer. De esta manera, el sujeto se comporta pasivamente ya que entiende que no puede hacer nada para cambiar la situación.
  • Abrumado: Cuando el sujeto está transitando momentos de estrés que lo sobrepasan, se activa este mecanismo de procrastinación. La cantidad de trabajo acumulado lo supera y no sabe por dónde empezar. Esta sensación lleva a la inactividad.
  • Perfeccionista: En este perfil, el sujeto tiende a evitar los juicios y las críticas. Por esa razón, se concentran en aspectos específicos del proyecto, dudando hasta último momento y sin capacidad para darlo por terminado.
  • Afortunado: Aquí, se engloba a aquellos que sienten que trabajan mejor bajo presión. Por ello, posponen sus actividades y proyectos hasta último momento, poniendo en riesgo su trabajo.
  • Desmotivado: La motivación es un factor fundamental para la acción. Si el trabajo no le resulta interesante al sujeto o, por alguna razón le provoca rechazo, es probable que no lo realice y lo esquive. 

Cómo evitar la procrastinación

Entender que la procrastinación es un problema de regulación emocional, más que de gestión de tiempo; es una buena forma de comenzar. Pero eso no nos dice qué acciones debemos llevar a cabo para mejorar nuestro comportamiento. 

Para hacer esto, Pychil plantea algunas ideas. 

Atender nuestras emociones

En primer lugar, es importante entender que nuestras emociones no pueden ser ignoradas. Por eso, cuando tenemos una fuerte aversión a realizar algún trabajo, debemos llevar nuestra atención a las sensaciones que surgen en nuestra mente y cuerpo. Reflexionar sobre ellas, para tratar de entender cuáles son las causas que originan esos sentimientos. 

Dividir el trabajo en varias tareas

Por otra parte, debemos comprender que cuando trabajamos no hacemos UNA SOLA tarea, sino varias ACCIONES. En otras palabras, esa montaña de trabajo que creemos que tenemos que atravesar, en realidad está compuesta por acciones mucho más pequeñas. Para Pychil, lo importante es ir llevándolas a cabo de una por vez: paso a paso. 

Procrastinación y mindfulness 

Finalmente, el autor canadiense habla sobre la “fuerza de voluntad”. Para él, se trata de un aspecto menor cuando nos referimos a la procrastinación. En cambio, recomienda enfocarse en desarrollar otra habilidad mental: el mindfulness.  

De acuerdo a Pychil, las habilidades desarrolladas por la atención plena, como la concentración, el no juzgar y la ecuanimidad; se alinean perfectamente con la investigación que muestra el papel vital de la regulación emocional para reducir la procrastinación y mejorar la productividad.

Otras estrategias de autocontrol 

Como ya vimos, la procrastinación es una cuestión emocional y, por ello, para controlarla es importante manejar los sentimientos. Tomar conciencia de ello es el primer paso para evitarla. 

La solución para la procrastinación está en aprender estrategias de autocontrol. A continuación, te dejamos algunas sugerencias:

  • Analizar qué nos motiva y concentrarnos en ello.
  • Comprometernos con el trabajo.
  • Eliminar al máximo las distracciones
  • Aprender de nuestros errores
  • Recompensar los progresos
  • Crear ambientes de trabajo productivos

Procrastinación en psicología

Existe una tendencia a pensar que la procrastinación, es decir, la postergación de tareas ofrece un bienestar al sujeto. Sin embargo, está comprobado que este mecanismo está relacionado con otras problemáticas psicológicas.

Por ejemplo, se demostró que existe una fuerte relación entre la tendencia a la procrastinación y el estrés, fatiga y problemas de ansiedad. Además, está relacionado a una menor satisfacción con el presente, en aspectos como trabajo o salario.

La procrastinación y ansiedad

Procrastinación - Hombre con el celular

Esta técnica de evitación emocional que utiliza nuestro cerebro (generalmente, de manera inconsciente), es similar a lo que ocurre con numerosos tipos de ansiedad. Las personas que padecen este problema, a menudo hacen todo lo posible para evitar lo que perciben como una amenaza externa. 

Con la procrastinación, lo que hacemos es evitar realizar una tarea porque previamente asumimos que ésta no será placentera. En vez de lidiar con las emociones negativas, en vez de cumplir con lo que debemos hacer; optamos por algo que nos hace sentir un poco mejor (posponer la tarea).

“Rendirse para sentirse bien”, es el término que utilizan numerosos investigadores para referirse a la procrastinación. Y significa buscar buenos sentimientos a corto plazo, a costa de la satisfacción a largo plazo (algo que hacemos incluso desde la infancia). 

La clave dentro de las nuevas investigaciones es que “rendirse para sentirse bien” no tiene que ver con la fuerza de voluntad, o con forzarnos para hacer algo que odiamos: tiene que ver con manejar las emociones para que no sean manipuladas por nuestro “crítico interno”.

Procrastinación Académica

La procrastinación en ámbitos académicos es una problemática muy recurrente durante los estudios superiores o medios. Hace tiempo, un estudio intentó abordar la relación entre la procrastinación y las emociones. 

Luego de analizar a 214 estudiantes universitarios, se encontraron correlaciones positivas significativas entre la procrastinación y la rumiación, así como las correlaciones negativas entre la procrastinación, la atención plena y la autocompasión. 

Procrastinación y autocompasión

Vamos por partes: empecemos por la relación entre la procrastinación y la autocompasión. ¿Qué es lo primero que hacés cuando te das cuenta que estás procrastinando? ¿Te retás a vos mismo? ¿Decís “¿qué me está pasando? ¡Empezá a esforzarte y hacé tu trabajo!”? Según la investigación, esa falta de autocompasión podría ser exactamente lo que está causando la procrastinación en primer lugar. 

Capaz no te atacás. Quizá sólo bajás la cabeza y te sentís culpable por haber pospuesto una tarea. Pero esta actitud tampoco es buena: la culpa puede ser una forma de “pensamiento rumiante”, lo que también exacerba la procrastinación. 

Es decir, nos vemos atrapados en nuestra propia narrativa sobre lo mal que nos sentimos por posponer nuestro trabajo. Esta narrativa se alimenta de sí misma, generando un círculo vicioso, y potenciando aún más la procrastinación. 

Pensamientos automáticos

Otro estudio encontró que la procrastinación está asociada con pensamientos automáticos negativos en general, así como pensamientos automáticos que reflejan la necesidad de ser perfectos. En ambos estudios, esta mentalidad altamente autocrítica es la base y la encargada de perpetuar el problema de la procrastinación.

¿Cuántos de nosotros pensamos en la productividad? Cuando posponemos el trabajo, nos decimos que estamos siendo «flojos» y que necesitamos «aguantar» para poder llevar a cabo la tarea en cuestión. Pero la investigación sugiere que adoptar una visión más suave y compasiva de nuestros propios comportamientos puede ser la clave para salir de este círculo vicioso. 

Fuentes